
FIESTA DE LA ASCENCIÓN DEL SEÑOR. 20 de mayo 012
1.- Cuarenta días después de la resurrección del Señor, la iglesia celebra la fiesta de la Ascensión.
· Jesús sube al Padre, a la Derecha de Dios, después de haber cumplido su vocación redentora hasta la entrega de la vida.
· Deja en nuestras manos la iniciativa de construir y continuar el Reino que Él ha anunciado y ha inaugurado en medio de nosotros.
· Los ángeles nos interrogan, como ayer: ¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?
- Con frecuencia un árbol nos impide ver el bosque, como dice el eslogan: “cuando el sabio señala a la luna con el dedo, el necio se queda mirando al dedo”
- Jesús se eleva en la ascensión para que descubramos su presencia en la necesaria ausencia, en la adultez, en la elección libre y madura de quien se sabe escogido y consagrado y cree sin haber visto.
· Su presencia hay que descubrirla ahora en medio de la humanidad, en la iglesia. No sirve de nada mirar al cielo; es en la tierra , entre los hombres, donde la presencia de Cristo se perpetúa y se descubre.
· Somos ya adultos en el camino de la fe. Jesús nos deja solos para que aprendamos a caminar sin muletas, sin seguridades materiales, empujados por nuestra propia opción en libertad.
2. Ascensión es envío.
· Es momento de mirar hacia el mundo, hacia los surcos de la vida donde está sembrada la palabra divina de Cristo, la buena Nueva de la esperanza.
· No se trata de mirar cómo Jesús se va, sino cómo se queda en medio de su iglesia y caminar en la dirección que Él nos indica: “Se volvieron a Jerusalén, llenos de alegría”
· Los discípulos están convencidos de su triunfo y de su presencia permanente: “Donde dos o tres ser reúnen allí estoy yo en medio de ellos”
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3.- Con la Ascensión comienza el camino y la oportunidad de la comunidad, de la iglesia.
· “Id y predicad el Evangelio, bautizando en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu”
· “Cuando el Espíritu descienda sobre vosotros seréis mis testigos”
· Ahora que estamos avanzando hacia el tercer milenio cristiano se impone una reflexión: ¿Hemos sido fieles continuadores de la obra evangelizadora? ¿Estamos dispuestos a seguir siéndolo?
· Ahí están los logros indiscutibles del Espíritu y del compromiso de la iglesia:
- La iglesia sigue adelante, viva y fuerte, en su deseo de ser proyecto evangélico de liberación.
- Sigue apostando por el hombre y por la vida, por los derechos humanos y por los más pobres.
- Sigue manteniendo una palabra oportuna e inoportuna frente a todos los intentos de desvirtuar el Evangelio y convertir la vida en una competición donde siempre vencen los fuertes.
- Sigue habiendo hombres y mujeres, muchos, con el deseo y el empeño profundos de ser instrumentos de Dios al servicio de la humanidad.
· Ahí están también los fracasos que brotan de nuestra pequeñez y limitación, de nuestro pecado:
- Una iglesia excesivamente lejana de los pobres y excluidos.
- Una iglesia que confunde con excesiva frecuencia el poder con el servicio.
- Una iglesia rodeada de excesiva ornamentación y formas poco evangélicas y humildes.
- Una iglesia que ha de ser más dialogante, hogar de todos y consuelo de los más desfavorecidos.
4.- Pero lo cierto es que, sin la aportación de la iglesia, no sería igual nuestra cultura, y nuestra sociedad.
· La “ausencia” de Cristo ha sido llenada por la presencia de la iglesia, como una vanguardia de humanidad, al servicio de todos: en la cultura, en los derechos humanos, en el progreso de los pueblos, en la transmisión de valores. Nuestro mundo se ha humanizado de la mano de la iglesia.
· Hasta lo no creyentes perciben este soplo de humanización que ha supuesto la huella cultural, humana y religiosa de la iglesia. La cultura europea es un signo indiscutible de ello.
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5.- El fruto de la Ascensión del Señor ha de ser el entusiasmo y el poder creativo de la iglesia; su protagonismo liberador en medio del mundo.
· Hoy somos nosotros, los creyentes, los convocados en nombre de Dios, a ser portadores de vida y de esperanza.
· Para construir esta iglesia en camino que quiere ayudar a caminar.
· Esta iglesia incomprendida tantas veces que quiere entender y animar a todos.
· Esta iglesia que quiere apostar con fuerza para que el tercer milenio sea más creativo y más justo, más humano y más de Dios.
· Esta iglesia a la que a veces se la quiere reducir al silencio pero que está dispuesta a gritar y anunciar el Evangelio a tiempo y a destiempo.
· Los que hoy quieren ignorar a la iglesia están ignorando su propio pasado, su historia, sus raíces...
· Se puede vivir al margen de la iglesia, pero no ignorarla.
· Se puede no asumir la fe de la iglesia pero es un error ignorar su aportación humanizadora a la historia de los pueblos.
6.- La Ascensión es la apuesta de largo de la iglesia en el compromiso de cada uno de los creyentes.
· Convocados a construir, desde el Evangelio, la iglesia nueva de la esperanza.
· Sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, todos, en un mismo proyecto evangélico que señale la presencia de Dios en le mundo y sea signo de su misericordia.
· Todos los bautizados hemos recibido la misión de Jesucristo de “anunciar el Evangelio a toda criatura”, con nuestra palabra y, sobre todo, con nuestra vida.
7.- Fray Luis de León, nuestro poeta renacentista del siglo XVI, encerrado en la cárcel por la envidia de muchos, escribió uno de los mejores poemas conocidos al acontecimiento que hoy celebramos: la Ascensión del Señor.
Lo escuchamos como homenaje a Cristo que Asciende al cielo para dejar en nuestra manos el timón de la iglesia.
¡Y dejas, Pastor Santo,
tu grey en este valle hondo, oscuro,
en soledad y llanto!
y tu rompiendo el puro
aire, ¿te vas al inmortal seguro?
Los antes bienhadados,
y los ahora tristes y afligidos,
a tus pechos criados,
de ti desposeídos,
¿a do convertirán ya sus sentidos?
¿Qué mirarán los ojos
que vieron de ese rostro la hermosura,
que no les sea enojos?
Quien oyó su dulzura,
¿qué no tendrá por sordo y desventura?
Aqueste mar turbado,
¿quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto
al viento levantado?
Estando tú cubierto,
¿qué norte guiará la nave a puerto?
¡Ay nube envidiosa
aun de este breve gozo, ¿qué te aquejas?
¿do vuelas presurosa?
¡Cuán rica tú te alejas!
¡Cuán pobres y cuán triste, ¡ay!, nos dejas!
Tú llevas el tesoro
que sólo a nuestra vida enriquecía,
que desterraba el lloro,
que nos resplandecía
mil veces más que el puro y claro día.
¿Qué lazo de diamante,
(¡ay alma!) te detiene y encadena
a no seguir tu amante?
¡Ay, rompe y sal de pena!
¡Colócate ya libre en luz serena!
¿Qué temes la salida?
¿podrá el terreno amor más que la ausencia
de tu querer y vida?
Sin cuerpo no es violencia
vivir, mas lo es sin Cristo y su presencia.
Dulce Señor y amigo,
dulce Padre y hermano, dulce esposo:
en pos de ti yo sigo,
o puesto en tenebroso,
o puesto en lugar claro y glorioso.